Del Sexting a la Sextorsión

En los últimos años son muchos los términos anglosajones vinculados al ciberespacio que conviven con nosotros. Como seguro ya sabes, uno de los más preocupantes, sobre todo en edades más tempranas, es el del sexting.

La palabra hace referencia al envío de materiales con connotación sexual a través de internet. Se trata de una práctica de riesgo que, sobre todo en los últimos años, ha experimentado un aumento significativo entre las personas adolescentes, que aprovechan las nuevas tecnologías para relacionarse con sus iguales, explorar su sexualidad y buscar nuevas experiencias.

A pesar de suponer un riesgo para quien lo practica, lo cierto es que el sexting no supone como tal la comisión de un delito, siempre y cuando el envío del material se haga de manera libre y voluntaria y con conocimiento total de las implicaciones que tiene todo lo que compartimos a través de internet. Y, por supuesto, siendo conscientes de que, la única forma de que un contenido no se difunda de manera incontrolada es no compartiéndolo con nadie en ningún momento.

Es fundamental abandonar toda sensación de falsa seguridad y partir siempre del siguiente principio: una vez que los comentarios, imágenes o vídeos han abandonado nuestro teléfono hemos perdido el control sobre ellos. Y es importante tenerlo siempre presente, ya que la función de “visualización única” (que permite enviar fotos y vídeos que solo se van a mostrar una vez antes de ser borrados automáticamente, y está disponible en varias aplicaciones de mensajería instantánea y redes sociales) no protege realmente nuestras fotos o vídeos, ya que podrían seguir siendo compartidas con otras personas a través de capturas o fotografías de la pantalla.

Pero ¿qué pasa cuando la persona no envía el material íntimo de manera libre y voluntaria?

En algunas ocasiones puede darse el caso de que una persona pueda haber sido engañada, presionada o amenaza para enviarlo, dando lugar a lo que se conoce como sextorsión, una práctica fraudulenta en la que el ciberdelincuente amenaza a la víctima con la revelación de supuesto contenido sensible suyo si no realiza las acciones que le ordena. También conviene tener en cuenta que ningún sistema es seguro al 100%, y son conocidos varios casos en los que este tipo de material fue extraído por métodos ilegales de los equipos o cuentas de usuario de personas que lo habían guardado sin intención de distribuirlo.

En cualquier caso, debemos incidir en que cuando una persona comparte su contenido íntimo de forma consciente y voluntaria lo está haciendo exclusivamente con la persona destinataria. Esto no implica en ningún caso que tenga derecho a utilizarlo de ninguna forma para un fin distinto, como reenviarlo o realizarle capturas de pantalla. De producirse alguna de estas prácticas, la persona destinataria podría estar incurriendo en un delito de descubrimiento o revelación de secretos, que afecta directamente a la intimidad de las personas, y está recogido en el Código Penal español. En los casos en los que medie o haya mediado relación de afectividad entre la víctima y el atacante las penas podrían verse agravadas pudiendo incurrir en un delito de ciberviolencia de género.

Además de lo contemplado por el Código Penal, la legislación en materia de protección de datos personales prohíbe también la difusión sin nuestro consentimiento de información que permita identificarnos. De hecho, a través del Canal Prioritario de la Agencia Española de Protección de Datos puedes solicitar la retirada inmediata de cualquier tipo de material de carácter sexual o violento del que tengas constancia, detallando debidamente las circunstancias que conozcas del hecho: información de agresores, víctima…

En caso de tener alguna duda en este u otro sentido, también puedes llamar al Instituto Nacional de Ciberseguridad a través del 017. Se trata de un servicio de ámbito nacional, gratuito y confidencial, y su principal objetivo es ayudar a las personas a resolver cualquier tipo de duda relacionada con el ciberespacio y la navegación segura.

Por último, antes de compartir cualquier tipo de contenido, sobre todo si es íntimo, ten en cuenta lo siguiente:

  • Participar de alguna forma en la creación o compartición de materiales de contenido sexual supone de por sí una práctica de riesgo.
  • Si recibes este tipo de materiales de manera legítima dentro de una relación, tanto estable como casual, en ningún caso puedes compartirlos con nadie sin el permiso explícito de quien te los envió. Si no los vas a borrar, toma medidas de seguridad razonables para evitar accesos no deseados.
  • Se recibes este tipo de materiales de otra persona que no sea quien los creó, nunca los difundas. Bórralos y solicita al remitente que deje de compartirlos, y también los elimine. Recuerda también que, en España, quien tiene constancia de un delito tiene el deber de denunciarlo a las autoridades.
  • Siempre que puedas informa a las personas implicadas y, si eres menor, también a un adulto. Cualquier otra acción podría llegar a suponer tu participación en un delito.
  • Evita ceder ante presiones o chantajes: si eres víctima de sextorsión la opción más segura será denunciarlo y pedir ayuda y protección.

 

Porque en ciberseguridad cada clic cuenta.