Alrededor del 70% de la juventud comparte su localización en tiempo real las 24 horas del día por sensación de seguridad, pero los expertos advierten que esta práctica puede derivar en control tóxico, pérdida de privacidad y graves riesgos de ciberdelincuencia como grooming o suplantación. La monitorización constante permite perfilar rutinas digitales y facilita robos al exponer donde no están los usuarios.
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