Durante años, la computación en la nube se ha presentado como sinónimo de alta disponibilidad, redundancia y continuidad del servicio. Para muchas organizaciones, especialmente en el ámbito público y en grandes entornos corporativos, la migración a la nube se ha interpretado casi como una garantía implícita de resiliencia. Sin embargo, los incidentes recientes vuelven a recordar una realidad incómoda que a menudo se pasa por alto: la nube también falla
Cuando una herramienta de soporte se convierte en un vector de ataque
Cuando se observa un entorno corporativo desde fuera muchas decisiones de ciberseguridad pueden parecer excesivas
El uso de agentes de inteligencia artificial con capacidad para ejecutar acciones de forma autónoma está creciendo de manera progresiva en distintos ámbitos
En muchas organizaciones públicas, especialmente en el ámbito local, la ciberseguridad se ha abordado históricamente desde una lógica principalmente preventiva
Las recientes comunicaciones del CCN-CERT y de INCIBE no son un recordatorio aislado ni una actualización técnica más. Apuntan a un cambio profundo en el modelo europeo de notificación de incidentes de ciberseguridad con efectos directos sobre administraciones públicas operadores esenciales y empresas reguladas.
Durante años, la gestión de parches se ha abordado como un proceso rutinario: esperar al ciclo mensual de actualizaciones del fabricante, desplegar los parches y dar el sistema por protegido. Sin embargo, la realidad operativa y los incidentes recientes demuestran que este enfoque ya no es suficiente.
Durante años, la gestión de la seguridad de la información se centró en demostrar el cumplimiento: políticas aprobadas, procedimientos documentados, auditorías superadas. Sin embargo, numerosos incidentes recientes ponen de manifiesto una realidad incómoda: cumplir no siempre significa proteger.
Durante años, la preparación de auditorías de seguridad de la información se ha afrontado como un ejercicio puntual: recopilar documentación, completar cuestionarios y reunir evidencias pocas semanas antes de la auditoría. Sin embargo, el contexto normativo y operativo de 2026 hace que este enfoque resulte cada vez menos sostenible.
En muchos incidentes de ciberseguridad no falla la tecnología más avanzada ni la ausencia de normativa.
Lo que falla, con demasiada frecuencia, es algo más básico: la coherencia entre lo que se declara y lo que realmente se hace.